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¿Somos
huellas del pasado?
Artículo
realizado por Rebeca Dobrowodkier
El
recuerdo de nuestras vidas anteriores puede tener relación directa con
muchos de los conflictos, enfermedades, dolores y situaciones
repetitivas que se nos presentan en la vida cotidiana. En la actualidad
existe una terapia que logra desentrañar aquellas dificultades que
arrastramos desde el pasado y que nos impiden avanzar hacia un futuro
mejor.
Al hablar
de vidas pasadas, una de las preguntas que surge de inmediato es. ¿Dónde
quedan alojados en nuestro psiquismo los recuerdos de ese tiempo?
Sigmund
Freud, en su artículo «El block maravilloso», nos explica que todo
contenido reprimido es inconsciente, pero no todo lo inconsciente es
reprimido. De esta forma, podremos comprender que en el psiquismo se
pueden alojar contenidos de las más diversas características. Así se
puede afirmar que existen varios inconscientes, y uno de ellos es aquel
donde se guarda la memoria ontológica (nos referimos a la memoria
individual).
¿Pero
por qué no recordamos estos hechos en forma voluntaria? Si cada uno de
esos recuerdos de vidas pasadas apareciera en la conciencia por simple
asociación o evocación, entonces nos resultaría insoportable tolerar
la invasión y mantenernos organizados psíquicamente.
Imaginémonos
caminando por un lugar y, al mismo tiempo, comenzar a recordar las miles
de veces que lo hicimos de la misma forma, sintiendo iguales
emociones... Imposible.
El
psiquismo se preserva, cuida su integridad, dejando en el inconsciente
lo vivido en otros tiempos gracias a sus mecanismos de defensa. En este
punto cabe hacer una reflexión: entonces, si los contenidos se
encuentran en el inconsciente, ¿por qué razón aparecen síntomas
ligados a esas experiencias?
La
respuesta es muy importante, ya que en ella descubriremos la clave para
resolver o disolver los conflictos que nos acompañan y sufrimos desde
siempre, inconmovibles ante toda terapia tradicional.
Salvándonos
de los recuerdos
Una
consulta realizada por un paciente adulto, cuyo síntoma aparecía cada
tanto ante excelentes posibilidades laborales o frente a una hermosa
mujer con la que él deseaba mantener una relación sentimental, sugería
una sensación en su interior de que «no iba a poder estar a la altura
de las circunstancias». Esa percepción se relacionaba con angustia que
se manifestaba como una molestia en la boca del estómago y sentía al
mismo tiempo que él no estaba presentable o que no era merecedor de que
le sucedieran cosas buenas. Por supuesto que estas impresiones lo
llevaban a malograr todas sus probabilidades de mejorar, confirmándose
a sí mismo que no podía tener éxito. Durante la terapia de vidas
pasadas, el paciente pudo descifrar que, en otros tiempos, había
librado al abandono sus logros personales; su matrimonio con una mujer
muy hermosa e inteligente fue un fracaso y, además, había perdido a
sus hijos. De pronto comenzó a beber, se dejó estar, y fue internado
debido al deterioro en el que cayó. No pudo revertir esa situación y,
poco a poco, comenzó a sentirse culpable y cada vez que veía a su
esposa visitándolo recordaba todo lo malogrado y sentía un fuerte
dolor en el estómago. El paciente trabajó esa experiencia durante las
sesiones de regresiones, comprendiendo que lo que no había resuelto allí
le traía consecuencias en esta vida. El resultado fue que, a partir de
esa experimentación tan profunda que le permitió llegar hasta el nudo
del problema, la persona resolvió en un noventa por ciento esa sensación
de miedo y desvalorización ante aquellas oportunidades valiosas para su
desarrollo personal.
Para
comprender más profundamente este ejemplo diremos que, en cada cuerpo
energético, también quedan las marcas enquistadas de las
circunstancias traumáticas vividas, obstruyendo de este modo el libre
fluir de la energía en y entre cada uno de nuestros cuerpos sutiles. La
herida se mantiene en el inconsciente del cuerpo mental, por lo tanto,
esa será la representación, la marca, la grabación, que rige
actualmente nuestra vida. Es precisamente recordando lo traumático
cuando dejamos de repetirlo y logramos elaborarlo en el plano
consciente, sintiendo que desde ese momento nos liberamos de las cadenas
que nos ataban al trauma.
Cuando
nos referimos a las fobias, dolores crónicos, situaciones conflictivas
repetidas y relaciones complicadas, seguramente encontraremos su origen
en otro tiempo y lugar y, nuestra obligación y responsabilidad para con
nosotros mismos es sentirnos más libres en cada renacimiento,
desarrollando una vida cualitativamente mejor a medida que crecemos,
hecho que se logra viviendo cada etapa como nueva, pero utilizando
siempre lo que hemos aprendido anteriormente.
La
terapia de Vidas Pasadas no sólo es una herramienta eficaz en la
resolución de los conflictos sino que también, con ella, pueden
curarse definitivamente muchas de las dolencias físicas que nos aquejan
permitiéndose así cada uno lograr lo que desea en la vida en vez de
aceptarse con todas las limitaciones.
Artículo
extraído de la revista El portal Holístico
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