|
A.I.L.A.
Al empezar
la terapia, yo era una persona sin ilusión por vivir, consideraba que nada de
lo que yo hacía o proponía tenía interés para las personas que más me
interesan. Parecía que todo lo hacía mal.
El
trabajar con regresiones me parece un acto de magia, al alcance de la mano.
Los
escenarios que he vivido y la forma de llegar a ellos de la mano de mi
terapeuta, me han hecho ver y sentir mi falta de confianza en mi misma, y los
juicios que continuamente hago sobre mi y sobre los demás.
Ahora
tengo más constancia para trabajar conmigo misma, para dedicarme tiempo. Me
cuesta trabajo hacerlo, pero voy venciendo la rutina poco a poco.
He
encontrado las partes de mi que quiero cambiar y he descubierto que me siento
bien incluso cuando lo intento: acabar tareas que empiezo, defender lo que me
gusta...
He
encontrado la suavidad y el calor a lo largo de la terapia y he comprendido que
los necesito para vivir. Necesito que me lleguen y también que partan de mi
hacia los demás.
También
he entendido que si no me siento bien con alguien, puedo decir lo que siento y
por eso no se acaba el mundo.
Y
me voy "atreviendo" a ponerlo en práctica y me maravilla darme
cuenta que realmente funciona.
Me
siento capaz, con fuerza para seguir trabajando conmigo, para estar más feliz
en esta vida de ahora.
P.B.
Si
miro hacia atrás y hago balance de mi vida antes y después de la terapia, la
verdad es que no puedo creérmelo. Es como si me hubiesen hecho una cirugía
estética en mi alma. Me siento otra persona, sin miedos y libre para caminar
por donde quieran ir mis pies sin necesidad de preguntar a cada paso ¿ahora
por donde?.
Es
verdad que siento un poco de pena tener que terminar con la terapia. Había
llegado a tener un grado de confianza tan elevado con mi terapeuta que ahora
siento como que algo de mi se separase un poquito. Pero también se que es como
los ositos que cuando crecen, aunque quieren mucho a su madre, tienen que
buscar una nueva vida y valerse por si mismos. Esto es lo más importante que
las regresiones me ha enseñado. Yo soy responsable de mi, debo quererme,
aceptarme e ilusionarme con mi nuevo futuro. Y éste, está lleno de esperanzas
y de regalos hermosos. La vida en si ya es el mejor regalo que jamás nos han
podido conceder. Es importante aprovecharla y ser feliz aprendiendo de todo lo
que encuentras en tu camino. Ahora estoy lista para echar a correr. Me siento
preparada y con fuerzas para vivir y sobre todo aceptar, perdonar y querer a
los demás.
Gracias
por tu calor, comprensión y ayuda, querido .......... hiciste un buen trabajo.
M.C.P.
Llevo
más de diez días pensando en como voy a escribir esto...
¿Que
buscaba cuando acudí a la consulta? Se me han pasado por la cabeza muchísimas
razones por las que buscaba ayuda, pero todas se reducen a una: quería ser una
persona normal, estaba cansado de mis miedos, de mis paranoias, de mi mal
genio; yo miraba a mi alrededor y me preguntaba porqué no podía ser feliz
como ellos, porqué me había tocado a mi ser así, en algunos casos incluso
intentaba ser otra persona, intentaba imitar a alguien en quien me fijaba, y
esto aún dio peor resultado, el problema cada vez era peor, llegó un momento
en que ya no podía vivir conmigo mismo, cada día era una pena impuesta y eso
salía al exterior y esta pena la compartían todos aquellos que estaban cerca
de mi ¡por el amor de Dios!, yo solo quería ser una persona normal, como los
demás.
Como
digo anteriormente, la situación era ya insostenible; un día, en una
discusión con mi mujer, faltó muy poco para que la hiciera daño, perdí
completamente los papeles y golpeé una puerta rompiendo el cristal de la
misma. Mi mujer, como es lógico, se asustó muchísimo, incluso se planteó el
separarse de mi, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que necesitaba
ayuda, y entonces acudí a la consulta para conseguir ser una persona normal,
como los demás.
Todavía
recuerdo, como si fuera ayer, la primera sesión; iba con mucho miedo, no
sabía como iba a ser, pensaba que era la última oportunidad; mi vida se
había hecho añicos y pensaba que iba a perder lo que más quería y
entonces... llegué, ví y vencí; resultó todo mucho mejor de lo que me
esperaba.
Pese
a que durante toda la terapia ha habido sesiones muy duras, el proceso en su
totalidad ha sido muy bueno; resulta que lo único que había que hacer era
quitarle la tapa al cubo y sacar de él todo aquello que estaba podrido ¡ja,
ja, ja!.
Página
siguiente
|