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Evolución
de los Estados Ampliados de Conciencia
Artículo
realizado por Luis Martínez
Desde los orígenes de la Humanidad, podemos reafirmar que
todas las culturas primitivas han utilizado los estados
ampliados de conciencia, o bien como parte de sus cultos
religiosos o bien como una vía para mejorar los procesos
curativos. La primera información documentada sobre este tema
está reflejada en “el papiro de Ebers”, que fue encontrado
en Egipto y se le atribuye una antigüedad de mas de 3.000 años.
En el mismo, se hace referencia a que estos métodos ya eran
utilizados por sus ancestros para provocar estados alterados de
conciencia que permitían curar infinidad de enfermedades.
En
Persia, China o el Tibet, se utilizaba de manera sagrada, ya
que era una vía de comunicación con los Dioses para ayudarles
a sanar. Esta tradición sigue aún muy arraigada hoy en día
entre los Chamanes, que la utilizan como medicina sagrada y en
los rituales de iniciación.
En
Grecia se utilizaban para consultar los Oráculos. En los
escritos de Platón podemos encontrar innumerables referencias
en relación a la medicina psicosomática.
“cuida
bien el alma si no quieres enfermar del cuerpo y de la
cabeza”.
Epidauros
fue un punto neurálgico y lugar de peregrinación, donde en el
Templo de Eusclepio (Escolapio para los romanos), se sometía a
los pacientes a diferentes tipos de tratamiento, con especial
énfasis en los trabajos con estos estados ampliados de
conciencia para curar sus enfermedades. La prueba final era el
paso por “el Tolo”, una especie de laberinto subterráneo
en donde el enfermo tenía que llegar hasta el centro del
mismo. Allí se producía la catarsis y a través de ella, la
curación. Los enfermos, antes de abandonar el lugar, dejaban
colgado en la puerta del Templo algún objeto personal, como
prueba de su curación.
Documentaciones
del siglo X reflejan que los Sufíes también los utilizaban ya
en esos tiempos para el correcto diagnóstico de sus pacientes.
A
partir del siglo XIV la Iglesia Católica adquiere un papel
predominante en la práctica de estas técnicas, ya que se creía
que la enfermedad era consecuencia de los malos espíritus y
solo podían interceder para la curación los reyes o
sacerdotes. Esta costumbre es introducida por Francisco I en
Francia y por Eduardo el Confesor en Inglaterra. El sacerdote
Gassmer goza de una gran reputación haciendo curaciones en
masas. Este hombre, de un gran tamaño, hablando en latín, con
un crucifijo en la mano y haciendo pases extraños entre la
muchedumbre, conseguía trances colectivos y ordenaba a gritos
la expulsión de los demonios del cuerpo de los enfermos. La
explicación dada por la Iglesia de la fuerza para curar estaba
en el poder de Dios otorgado a sus mensajeros, los sacerdotes.
En
el siglo XV ya se conocía la relación existente entre las
fases de la Luna y como afectaban estas a las mareas, y se
suponía que los astros tenían influencia sobre la Tierra. A
finales de este siglo, Teofrasto Bombast Von Hohemheim,
conocido como Paracelso, concluyó que si sabíamos utilizar
esta influencia magnética, podríamos ejercer influencia sobre
otras personas y ayudarles a sanar.
A
mediados de 1600 el Conde Alejandro de Cagliostro, que había
seguido los pasos de Paracelso, sostiene que las curaciones
tienen una base racional y explicable, y demuestra como no es
necesario ser sacerdote o rey para conseguir resultados
positivos.
A
mediados del siglo XVIII una figura que adquiere un papel
relevante es Mesmer, médico austriaco que se hizo famoso por
sus curaciones magnéticas en las que utilizaba planchas de
acero y una teoría que llamo “magnetismo animal”; en ella
mantiene que los cuerpos celestes desprenden un fluido que actúa
sobre la Tierra. Descubre la inducción magnética generada a
través de los electroimanes o magnetos. Afirma que el cuerpo
humano está formado por un fluido semejante al del espacio,
que actúa fuera del organismo, conectado con los demás
cuerpos físicos, y dentro, regulando la actividad de las vísceras
y de las entrañas y por tanto de la salud, que se consigue con
el equilibrio de las dos partes. Para restablecer el
equilibrio, se requería ajustar las líneas de fuerza del
paciente con las del Cosmos, haciendo uso del magnetismo.
Trabajaba con imanes que colocaba encima de sus enfermos,
aunque mas tarde se dio cuenta que curaba solo con su presencia
(nacimiento indirecto de la hipnosis). Su fama empezó a
extenderse con gran celeridad a la vez que la envidia y
malestar entre el cuerpo médico. Curó a una ahijada de la
emperatriz María Teresa de Austria de una ceguera provocada
por desórdenes histéricos; esto generó un gran
enfrentamiento con el médico oftalmólogo de la Corte que
utilizó la recaída de esta niña en su ceguera para provocar
su expulsión y acusarle
de impostor y charlatán. Decidió entonces irse a París y
empezar de nuevo, donde al poco tiempo recuperó su fama. Allí
diseño una especie de bañera gigante en cuyo suelo había
puesto hierros imantados y en donde podían meterse grupos de
mas de 30 personas al mismo tiempo, que provocaban catarsis en
cadena y en muchos casos curaban de sus enfermedades (trató
principalmente casos de mujeres que sufrían histeria). El Rey
Luis XVI le ofreció que trabajase para él escribiendo un
libro y formando a otros médicos en sus técnicas pero Mesmer
se negó, quizás porque ni el mismo sabía como se producía
la curación. También se creó un Comité Científico para
evaluar su técnica cuya conclusión fue que no tenía ningún
interés científico. y poco mas tarde cayó en desprestigio,
teniendo nuevamente que cambiar de país. Finalmente murió en
Suabia (Alemania) en 1815. Unos años mas tarde, un nuevo Comité
Científico si que reconoció el interés por su trabajo.
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