Entrevistas y artículos


Lanzados a la vida

Artículo realizado por:
Alberto Landaburu de Silva
Ex- consejero de la Unión Europea
Ex - presidente de A.E.T.R.A.


Dice el magnífico “investigador filosófico” José Antonio Marina que “nuestro contacto básico con la realidad es sentimental y práctico” es decir la vida en primera instancia es de sentimientos, emotiva, afectiva, el mundo significa para nosotros las emociones de agrado o desagrado que nos provoca, pero para la creación de lo racional y la abstracción tuvo que venir de una torsión o tal vez una distorsión para mirar “lo desinteresado, lo que son las cosas en sí, su esencia sin olor, su sustancia sin sabor. Tuvo que ser una pasión poderosísima la que nos obligó a valorar la objetividad”. Y añadiríamos una pasión procedente quizás del dolor y del fracaso, de que nuestras relaciones con la realidad no serían emotivamente satisfactorias  y nos indujera a echar mano de nuestra defensa o arma racional.

Una de las primeras paradojas y fuente de males mayores, es que cuando niños, y ya sabemos discernir nuestro yo del mundo exterior, es la escorada educación cotidiana que recibimos en casa o en la escuela, pues nos enseñan básicamente a relacionarnos con la realidad externa, carente de todo enfoque interior, lejos de la máxima ”conocete a ti mismo”; así nos enseñan matemáticas, historia, a comer bien, a vestirnos, a ser educados socialmente; pero nos dejan carentes del conocimiento de uno mismo, y ya no digo del conocimiento del cuerpo sexual, que hasta ahora ha sido tabú, sino de nuestros sentimientos más sencillos y primarios, de aceptar nuestros defectos que nos lastran de por vida.

 

 

Por tanto la primera hipótesis de una manera sencilla, pues no podía ser de otra manera y no pretendemos ser muy académicos, es la falta de mirada al interior, y la poca práctica que tenemos en ello, cuando no bastante miedo a descubrir lo que no queremos o nos tememos. Además el ambiente social, ni siquiera el más íntimo y familiar nos ayuda mucho, pues no es costumbre hablar de estos temas o problemas, quizás por pudor o incapacidad, o por la norma social anglosajona que es una falta de educación expresar los sentimiento íntimos y mucho menos las perversidades que todos tenemos alguna. Pero como no somos productos perfectos ni en lo físico y mucho menos en lo emocional como todos quisiéramos, y esto nos causa sufrimiento, ¿quién y como nos mejoramos para crecer y abandonar el sufrimiento?.

 

Como decía Karl Marx “donde se da el problema se da la solución”, en efecto la persona es la que tiene el problema y en ella básicamente, aunque no de forma exclusiva, se da la solución; de ahí los títulos de los libros tan de moda de autoayuda, de “la solución está en ti”.

 

Una vez pergeñada la situación, y tomada conciencia de ella se requiere el paso fundamental : un cambio de Actitud. Tenemos que seguir ocupados del mundo exterior pues no somos autónomos y dependemos de él, del trabajo, de la familia, de la sociedad en general, pero hacia ello hemos tenido un exceso de atención y por el contrario un gran déficit de ocuparnos de nosotros mismos, o mejor dicho de nuestro interior, para no caer en el egoísmo mezquino.

 

Ya has cambiado la actitud, falta la voluntad, la técnica y otros elementos, pero ya hablaremos más adelante de ellos, lo importante es que has descubierto que el mundo exterior en tu experiencia no es la fuente de soluciones y si de muchas insatisfacciones por no hablar de algún que otro sufrimiento ; reconoces que ha pesar de los esfuerzos por cambiar el mundo que te rodea no ha sido coronado por el éxito, y aunque mantienes con  el una relación no dramática, quizás un cierto equilibrio inestable, tu motivación poco a poco ha ido cambiando hacia tu mundo interior, hacia tu ser mismo, has comenzado tu mejor y más apasionante viaje,  tu viaje interior más apasionante, más enriquecedor, más difícil y sobre todo más incomprendido por los demás.

 

Y empiezas a hablarte en primera persona de ti mismo, sin saber muy concretamente el fin salvo el vago de conocerte, con escasa preparación y menos técnica, pero ayudado por el deseo y la necesidad.

 

Te asalta la duda, el miedo a aislarte mucho más de tu ambiente, a acentuar tu heterodoxia ; incluso intuyes que no sea útil social y profesionalmente, no sabes si el resultado final, si es que llegas a alguno, merezca la pena para ti y mucho menos para los demás; además, el gran esfuerzo de afrontar tu negritud interior va a ser doloroso, ¿y si al final es un duro viaje a ninguna parte ? ¿Y si por aprendiz de brujo, tu que siempre te has creído un poco listillo y has actuado no pocas veces con osadía algo insensata, no acabarás peor por salirte de la norma ?

 

 

No deseas perderte por el falso mundo mágico, por esas llamadas ciencias ocultas que tienen más de ocultas y de fe que de ciencia, nada científico, porque tu formación y tu estructura mental es muy occidental, muy cartesiana, y no puedes renunciar a ella ni aniquilarla, quieres mejorarla y complementarla pues sabes de su insuficiencia.

Eres una persona especial y te atreves contigo mismo a  hacer un viaje especial y te dices:

Me gusta la vida,  sobre todo la mental, como decía Sócrates “sólo la vida examinada es la única que merece ser vivida” o más precisamente la autoconciencia recognoscitiva que explicaba Hegel otro de mis grandes gurús. No me gusta demasiado la gente, aunque si disfruto de algunas personas; desgraciadamente la fuente de la experiencia contradice los sentimientos más nobles infantiles sobre el comportamiento o, más aún, sobre las esperanzas que ponemos en ellos, inclusive o sobre todo los más cercanos, inclusive de nosotros que  a menudo no somos lo que deseamos, lo mismo que la persona con la que convivimos no siempre es la soñada en nuestra adolescencia.

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