Entrevistas y Artículos

 

El hombre en busca de sentido

Autor: Víctor Frankl

Texto íntegro de la conferencia pronunciada en Santiago de Chile por V. Frankl el Jueves 23 de mayo de 1991, invitado por la Universidad Gabriela Mistral (publicado en El Mercurio del 2 de Junio de 1991).


De un psiquiatra proveniente de Viena, obviamente se espera que comience mencionando o al menos diciendo algunas palabras sobre Sigmund Freud y Alfred Adler, los grandes clásicos, los maestros y pioneros, por no decir los padres fundadores de la psicoterapia. A mi edad -87 años- ciertamente me cuento entre las escasas personas que tuvieron la gran suerte de conocer en forma personal a esos dos grandes genios y de haber contribuido durante algunos años a su trabajo científico.

Para explicar en forma muy simplificada la diferencia esencial entre las dos enseñanzas, me referiré a la motivación de sus teorías. El concepto freudiano del principio del placer, frente al concepto adleriano de una lucha por la superioridad, pueden definirse muy sucintamente como un deseo de placer y un deseo de poder.

De acuerdo con lo dicho por el mismo Freud, placer significa ausencia de perturbaciones internas, de tensiones; es decir, un equilibrio interno u homeostasis, como se denomina en biología. Asimismo, la lucha por el poder, según las enseñanzas adlerianas, puede considerarse como el intento de superar un sentimiento básico, original y primario de inferioridad. Si el principio del placer constituye una lucha por una condición interna libre de tensiones que el individuo debe mantener en aras de su tranquilidad psicológica, y si la lucha por la superioridad consiste simplemente en un esfuerzo de toda la vida por superar el sentimiento original de inferioridad, tendríamos que decir entonces que se trata en ambos casos de meras condiciones intrapsíquicas. Sin embargo, en cuanto a mi anciana persona se refiere, no estoy dispuesto a vivir, a luchar, a hacer algo o amar a alguien o padecer únicamente en aras de mi tranquilidad interna o mi deseo de superar un complejo de inferioridad. Eso no bastaría para satisfacer lo que llamo mi deseo de encontrar un sentido, ya que intrínsecamente todo ser humano siempre se está proyectando hacia algo mas allá de sí mismo, algo en el mundo exterior o alguien en ese mundo exterior: una persona, un ser amado a quien entregarle su amor.

Eso es lo que un ser humano busca intrínseca, básicamente en el mundo exterior. En la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, desea ponerse al servicio de una causa superior a él o amar a otra persona, se encuentra con la autotrascendencia -a mi juicio, una cualidad esencial de la existencia humana-. Todo esto tiene también una dimensión biológica. Por ejemplo, nuestros ojos son, en cierto modo, autotrascendentes. ¿Cuándo funciona normalmente el ojo? Cumpliendo su propia misión, consistente en percibir visualmente lo que ocurre en el mundo. Irónicamente, sólo puede cumplir su función en la medida que no se vea a sí mismo. ¿En qué momento un ojo percibe parte de sí mismo? Sólo cuando está enfermo. Si tengo cataratas, estoy percibiendo algo en mi propia vista; o si hay una gran tensión en cierta parte del ojo, síntoma de un glaucoma, veo los colores del arco iris en torno a las luces. El ojo normal no advierte nada de sí mismo.

Otro tanto acontece con el ser humano. La autotrascendencia es un rasgo esencial de la existencia humana. La autorrealización es buena, pero sólo puede obtenerse como efecto secundario o subproducto; no puede procurarse directamente. Debe llegar a nosotros no porque la hayamos buscado. Mientras mayor sea nuestra posibilidad de percibir el sentido de nuestra vida, mayor será nuestra autorrealización, como efecto secundario o subproducto, sin que exista una preocupación por ella. Abraham Maslow fue el primero en dar este concepto de autorrealización, señalando que no es posible ir en persecución de la misma. La mejor manera de conseguir la realización personal consiste en dedicarse a metas desinteresadas. En la declaración inicial de la fundación de los Estados Unidos se habla de la búsqueda de la felicidad. Todo el mundo tiene derecho a buscar la felicidad. Permítanme decirles que para mí la búsqueda de la felicidad constituye una contradicción en sí misma, puesto que es algo que no puede perseguirse, ya que sencillamente la felicidad ha de ser consecuencia de una buena acción o de una relación amorosa satisfactoria.

Si uno ejerce su profesión, hace su trabajo o se ocupa de su familia, se está realizando sin preocuparse por la autorrealización. En otras palabras, no se pueden tener como metas el placer, la felicidad o la autorrealización. Paradójicamente, en la medida en que se establecen como fines, ellas se alejan.

Desde el punto de vista psiquiátrico, como ejemplo veamos la frigidez, la imposibilidad de la mujer de experimentar el orgasmo. Una señora se quejaba de no haber experimentado un orgasmo total durante todos sus años de matrimonio. Le dije que volviera al cabo de dos meses para empezar un tratamiento que sin duda sería exitoso. No regresó a los dos meses, sino pasados dos días, o, digamos, dos noches. Había experimentado su primer orgasmo total, porque yo le había dicho: "En estos dos meses distráigase, preocúpese de cualquier cosa menos de su condición anorgásmica, la que trataremos después". Al distraer su atención de su problema de frigidez, espontáneamente se orientó más hacia su pareja. Como resultado, sanó sin necesidad de tratamiento. Esto no significa que cualquier paciente va a restablecerse en dos días, pero es muy importante y didáctico saber esas cosas.

Página siguiente

Volver a índice de entrevista